lunes, 10 de octubre de 2011

Sentencia a muerte: Capitulo XXI: Noche de visita

En una calle del pueblo de Jultown, justo después de anochecer…

Andrew había estado esperando en una parte poco transitada del pueblo hasta que oscureciera, para que así no le pudiera ver demasiada gente dado que en el pueblo era alguien conocido. Pero en cuanto se alzo la noche, se dirigió hacia una casa, no antes sin mirar que nadie le seguía ni había nadie en la calle. Entonces llamo al timbre de la puerta sin quitarse la capucha. Una mujer salió para abrirle y a los pocos segundos el chico saco una pistola que tenía guardada.

- Entre a casa ahora mismo y no diga nada…- Dijo el chico con una voz muy seria.

La mujer se quedo de piedra y el chico entro sin que ella dijera nada más. Dentro de la casa, se escuchaba la voz de un hombre.

- Cariño, ¿quién es?

Tanto Andrew como la mujer entraron en el salón, donde estaba el hombre que miraba impresionado.

- Qué demonios…- Dijo el hombre bastante asustado

Andrew apuntaba a la cabeza de la mujer mientras miraba fijamente al hombre.

- Si queréis salir de aquí con vida… haced todo lo que diga…
- Quien eres…- Dijo el hombre que no podía asimilar lo que pasaba
- Cierra las persianas
- Quien…
- ¡He dicho que las cierres!

El hombre no dijo nada más y cerro las persianas rápidamente sin apartar la mirada del chico.

- Vuestros móviles… tiradlos al suelo… Y el teléfono, cortad el cable que lo conecta a la luz…

Hizo todo lo que pidió, y la mujer también tiro su móvil al suelo. Después de eso, el chico empujo a la mujer hacia el sofá mientras no dejaba de apuntar con su pistola.

- Y ahora que… Ya hemos hecho todo lo que nos has pedido- Dijo el hombre bastante serio

Andrew se quito la capucha mientras bajaba la pistola y les miraba fríamente

- Tu…- Dijo la mujer impresionada- Tu eres… el amigo de nuestra hija… el amigo de Isabella…
- Siento mucho haber tenido que hacer esto, pero no tenía otra opción. Nadie puede saber que estoy aquí, asique no me puedo arriesgar en absoluto
- Andrew Godfrey… Que haces tú aquí…- Dijo el hombre que quien parecía aun más inquieto al ver quién era el encapuchado
- Tenía que venir aquí… Ustedes no vinieron en mi juicio… y tenía que decirles que yo no hice nada de eso… Yo queria a su hija, muchísimo… No hubiera sido capaz de hacerle daño jamás… Sé que me odian por lo que ocurrió, pero yo no fui el culpable…
- No…- Dijo el padre que cada vez parecía más desesperado- Tu no fuiste el culpable…

Al escuchar eso, el chico se impresiono mientras la madre de Isabella miraba tristemente a su marido.

- Lo siento… pero el único culpable de la muerte de nuestra hija… Soy yo.

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