Érase una vez....
Una mujer y un hombre... que vivían solos en el mundo en el
que no había nada... ambos vivían felices todos los días, hasta que un extraño
se acercó hacia ellos con dos sobres. En uno de ellos ponía la palabra bueno, y
en el otro malo. El extraño dio los sobres mientras les decía a los chicos: En
uno de los sobres, cuando lo abráis os pasara algo bueno... en el otro en
cambio o pasara algo malo. Solo hay una condición, que ambos se abran al mismo
tiempo por personas distintas.
Después de decir eso, el extraño desapareció.
El hombre cogió el sobre que ponía "malo" y le dio
el otro a la mujer. Él pensaba que solo importaba la felicidad de la mujer.
En el sobre "malo" estaba escrito de que perdería
una prenda de vestir. En el bueno en cambio, que encontraría una nueva. Y tal
como lo decían los sobres, eso ocurrió. El hombre se cayó pocas horas después y
se rompió la camiseta que tenía, la mujer en cambio... encontró una preciosa
falda en una caja que antes no había visto.
Cada día, volvía el extraño para dar los sobres... y siempre
pasaba lo mismo. El hombre cogía el malo, y la mujer el bueno....
Con el tiempo... el hombre vivía solo en la calle, bastante
enfermo, sin absolutamente nada más que su propio aliento. La mujer en cambio,
obtuvo todas las riquezas del mundo. Una preciosa casa... ropa, joyas, una
salud formidable... nada iba mal en su vida.
Hasta que un día volvió el hombre de los sobres, y el hombre
le pidió a la mujer que le dejara una vez el sobre "bueno"
Después de discutir un par de horas, la mujer le dejo su
sobre y ella cogió el malo. Cuando lo leyó, se quedó paralizada: "morirás"
ponía en su sobre.
En el del hombre en cambio: "y tu obtendrás todo lo que
ella perderá"
Y os preguntareis.... cuál es la moraleja de esta historia?
Es muy simple...
Si alguna vez estáis en una mala racha que parece no acabar
nunca... no os rindáis, porque un día llegara un golpe de suerte y podréis
llegar a obtener todo lo que podéis desear...
Y si alguna vez estáis e buena racha... no dejéis que nada
ni nadie os saque de ella, porque puede que nunca volváis a tenerla
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