sábado, 3 de abril de 2010

Lagrima roja. Capitulo XI: La noche roja


Ninguno de los dos se podía creer lo que estaba ocurriendo. El suelo estaba temblando y con ello las casas se movían levemente
- Un terremoto?!- Exclamo Richar
- Pero esto es… Teóricamente imposible!- Grito Albert mientras cogía a Richar y buscaban sitio mejor para esconderse.
Los cristales de las casa comenzaban a reventar y algunas casa se derrumbaban totalmente. Ese era el primer terremoto que había sacudido el pueblo y ninguno de los jóvenes habían vivido un terremoto en sus propias carnes.
- Que es esto… Algunas casas se están cayendo…- Dijo Richar impresionado y muy asustado
- Es normal… Las viviendas no están preparadas para algo así…! Un momento… Ya ha… Se ha detenido…
Ambos se levantaron y miraron a su alrededor. Muchos de los ciudadanos habían salió de sus casas y miraban todo con mucho miedo. Algunas casas habían sido derrumbadas y los vecinos estaban excavando buscando a gente que tal vez se hubiese quedado atrapada allí.
- Estas bien?- Pregunto Albert a Richar que estaba paralizado por lo ocurrido
- Si…Si! Esto esta… Ocurriendo de verdad?
- Desearía pensar de que no es así…
Ambos se quedaron quietos durante unos segundos, y entonces Richar reacciono:
- Un momento! Mi familia!
Richar salió corriendo hacia su casa y Albert también reacciono entonces:
- Richar! Detente un momento!
- Que es lo que ocurre Albert! Tengo que ir a mi casa!- Entonces vio que Albert miraba hacia la otra dirección muy preocupado
- No es solo tu familia… Hay más personas…
- Que estás diciendo Albert?!
- Mira en aquella dirección!
Albert señalo en la dirección contraria que se encontraba la casa de Richar, un lugar donde se podía ver una iluminación fuera de lo común. Una comunicación creada por un incendio
- Las casas… Están ardiendo…!
- Y cuáles son esas casa Richar?!
- Un momento… No puede ser… Esa es la zona de… La vivienda de Noelia y Natalia!
Richar comenzó a andar levemente hacia esa dirección, pero Albert le detuvo y dijo:
- Somos dos personas… Y tu familia está aquí… Deja que yo me encargue de ellas vale?
- Pero Albert! Y si… Y si ellas no estuviesen bien?!
- Una hora! Si en una hora no estoy aquí de vuelta con buenas noticias, es que algo malo ha ocurrido. Si puedes, ven con tu cochea su casa vale?
- Albert… No… Debe de haber otro modo..
Albert puso su mano derecha sobre el hombro de Richar y se marcho corriendo mientras gritaba:
- No te preocupes Richar! Todo va a salir bien!

En los siguientes minutos, Albert estuvo corriendo todo lo que pudo para llegar a la casa de Noelia. No estaba demasiado lejos, pero el camino estaba lleno de cuesta que subir ya baja y eso le agotaba considerablemente. Desde que se separo de Richar, le estaba volviendo el dolor de cabeza a Albert, pero no era tan fuerte como para que pensara que ese dolor era causado por el aneurisma. Ya podía ver la calle donde se encontraba la casa, pero no podía verla porque esta estaba al final de una cuesta más. Aun así, Albert se temió lo peor. Toda la calle estaba derrumbada, y bastantes escombros estaban ardiendo. Aun así, no se detuvo y siguió hacia adelante, sin mirar los destrozos.
Al subir la cuesta, Albert se tropezó tontamente al pisar una pequeña piedra, haciéndole resbalar y caer. Estaba totalmente exhausto, y el dolor cada vez iba a peor. Intento levantarse, pero su cuerpo ya apenas podía moverse más si no tomaba ningún descanso. Se quedo de rodillas mirando el suelo, y algo le impresiono. Algo estaba cayendo hacia el asfalto, algunas gotas rojas.
- No puede ser… Ahora no… El aneurisma… - Albert puso la mano sobre su ojo izquierdo y lo confirmo. Esas gotas era de sangre que salía por su ojo. Albert no se había percatado de ello, pero el aneurisma ya estaba en un punto crítico y fue entonces, cuando Albert no pudo más… Mirando su propia sangre, Albert cayó al suelo del asfalto mientras perdía la consciencia…

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