sábado, 13 de marzo de 2010

Lagrima roja. Capitulo II: Extraño despertar


Albert despertó muy asustado, pero el ya no se encontraba en el aula del colegio. Estaba en una habitación muy extraña en la que nunca había estado, y tenía algunos cables en su cuerpo.
- Esto es… Un hospital…
Albert no podía moverse como siempre, solo podía hacerlo muy lentamente. Cada segundo que pasaba lo veía todo más claro, estaba en un hospital, pero no sabía en que día se encontraba ni recordaba lo último que había echo.
- Albert! Estas despierto!- Grito una mujer al verle con los ojos abiertos.
- Mama… Que es lo que esta…?
- No te esfuerces hijo…- Dijo mientras le daba un beso- Lo que importa ahora es que estas bien…
- Sabes que no es así…- Albert saco una sonrisa mientras lo decía todo- Pero ahora… A que día estamos..?
- Hoy es… Es lunes.
- Lunes? No es posible… Yo estaba en clase y era… Viernes… Acaso…
- Hijo, para! No debes de seguir así!
- Pero que… que es lo que paso?!
- Te desmallaste en mitad de clase mientras sangrabas por tu ojo izquierdo… Los médicos sabían que tenias un problema en tu cabeza y… Han estado de pruebas mientras te daban una gran dosis de morfina.
- Y… Que es lo que paso…?- Dijo mientras intentaba ponerse derecho en su cama.
- Están viendo los resultados de las pruebas, pronto conoceremos lo que te pasa vale?
Su madre se levanto, pero Albert le cogió de su mano y dijo mientras miraba al suelo:
- Yo aun… Soy menor pero… sabes cómo soy… No me gustan los secretos, y quiero saber las cosas al instante…
- Lo sé… En cuanto diga algo, tu estarás junto a nosotros vale?
Albert se quedo con su madre casi todo el tiempo, hasta que ella se fue a por algo de bebida. En esos momentos se quedo pensando en todo lo que podía hacer. Su cuerpo ya casi se había recuperado del efecto de la morfina, asique se levanto a ver cuáles fueron las pertenencias que tenía cuando fue hospitalizado. Cuando registraba sus pantalones, algo se cayó de uno de sus bolsillos. Eran las llaves de su casa con un gran llavero. Albert lo cogió y miro atentamente a su llavero, que era una especie de medalla de un caballo.
- Señor- Dijo un doctor que acababa de entrar en la habitación acompañado de la madre de Albert- Tenemos que hablar.
- Doctor… Ya…. Ya saben lo que tengo no?
- Señora por favor, siéntese usted y lo hablaremos con más claridad.
La madre de Albert se sentó junto a él en un sillón que había en la habitación y cogió de su mano a su hijo, entonces dijo:
- Díganos doctor… Que es lo que ha pasado?
- Verán… Es algo bastante complicado de explicar… A su hijo le ha ocurrido algo muy extraño, y más aun en su edad…
- Doctor… Ese dolor de cabeza… Llego a un punto que pensé que mi cabeza me iba a explotar… Sé que… Puede ser un poco extraño pero… Llevo aquí todo el tiempo comiéndome el coco y…- Albert tomo aire y continuo- Dígame… Solo respóndame a esto… Y después entre en más detalles si usted quiere… Voy a morir?
El doctor miro hacia el suelo indignado y respondió a la pregunta de Albert con una respuesta un poco inesperada por todos:
- Lo siento mucho…

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