miércoles, 21 de septiembre de 2011

Sentencia a muerte: Capitulo XVII: Hogar, dulce hogar


Al día siguiente…

Acababa de amanecer y al fin el tren llego a su destino. Los presos salieron del tren con una gran alegría al ver que nada mas les había pasado durante el viaje. Salieron de la estación de un pequeño pueblo y Albert se percato de algo rápidamente. Todo era muy distinto de donde había estado viviendo. El paisaje no era el mismo que en las cercanías de la ciudad de Cartown, donde miraras por donde miraras, veías algún tipo de edificio. En cambio, en donde estaba ahora apenas había edificios ni algún tipo de carretera. Incluso el aire parecía otro, un aire mucho más limpio.

- Vicente…- Dijo Oliver junto a James en cuanto salieron de la estación- Creo que aquí acaba nuestro camino juntos
- Ahora nos toca a nosotros buscarnos nuestra vida, muchas gracias por ayudarnos a salir de allí…
- No me tenéis que dar las gracias… Sin vosotros, no hubiese sido posible
James abrazo fuertemente a su amigo mientras se le caían las lagrimas de su rostro
- Para mi… eres como un hermano…
- Lo sé James…

Oliver también abrazo a su compañero y después se despidieron del joven Andrew que miraba bastante triste a los dos fugitivos

- Tienes que ser fuerte chico… Ahora es cuando comienzas tu nueva vida
- Lo sé James, gracias por todo

A los pocos minutos, Oliver y James partieron hacia el sur sin nada más que una pequeña mochila y parte de dinero que aun les quedaba. Vicente y Andrew en cambio, se quedaron esperando en la entrada de la estación. A las pocas horas, un mercader llego allí con un caballo y Vicente le pregunto que si les podía llevar con él, en la parte trasera del carro que llevaba el caballo. El comenciante no tuvo ningún problema, asique les llevo junto a ellos hacia el este.

- ¿Qué es lo te pasa joven? No has dicho nada durante todo el viaje…
- Vicente… hoy… es el día…
- ¿El día?
- Si… hoy yo debería de estar… muerto…
- Ah… ya es ese día… Ha pasado muy rápido el tiempo…
- Si no llega a ser por ti, y por tu plan… yo ya estaría muerto…
- No te preocupes Andrew, ahora no estás en la prisión y no va pasar eso.
- Ya pero…
- No hay peros. Disfruta de esto chico, dentro de un par de días llegaremos a mi pueblo natal… donde me espera mi esposa y mi hijo
- ¿Y qué voy a hacer yo allí?
- ¿Cómo que vas a hacer? Vivir con nosotros.
- ¿Qué? Yo no puedo hacer algo así…
- Claro que puedes, tú ya eres parte de mi familia Andrew.

Todo fue bien durante el viaje con el comerciante, que tenía que dirigirse hacia el pueblo donde vivía Vicente, asique los chicos no tuvieron que hacer nada más que esperar durante un par de días…

En cuanto llegaron al pueblo de Vicente, Laguna, se bajaron del carro del comerciante y le agradecieron por el viaje. El hombre dijo que no había sido ningún problema, aun así Vicente quiso pagarle con algo del dinero que aún conservaba. Después de eso los fugitivos se dirigieron hacia la casa de Vicente

- Dime… ¿Cómo es tu casa?- Pregunto Andrew bastante interesado
- Mi casa… pues bueno… vivimos en una pequeña casa y tenemos un huerto… Bueno, al menos era así cuando me fui…
- ¿Y hay espacio para mí?
- Por supuesto, podrás dormir junto a mi hijo, que ahora tiene 24 años. Te llevaras bien con él.

A los pocos minutos Vicente se detuvo delante de una casa que estaba abandonada. Las puertas estaban totalmente arrancadas, algunas ventanas rotas y había mucha basura tirada delante de la casa

- ¿Qué ocurre?- Pregunto Andrew
- Esta… es mi casa… Pero… que está pasando…
- ¿Qué? ¿Tú casa?

Vicente entro gritando en la casa y comenzó a gritar el nombre de su esposa y de su hijo

- ¡Oscar! ¡Laura! ¿Dónde estáis? ¡Oscar! ¡Laura!

El joven entro también en la casa y se quedo muy impresionado. Todo estaba lleno de polvo y de telarañas, como si nadie hubiese estado allí durante años. Entre todo ese polvo, el chico pudo encontrar una foto sobre una mesa que estaba en la casa, una foto de un hombre con un traje con una mujer, quien llevaba a un bebe en brazos.

- ¿Señor Pérez?- Pregunto una anciana que entraba en la casa bastante asustada- ¿Es usted?
- Si… Quien es…
- Soy María… Una vecina que vive cerca de aquí… En serio es usted… ¿Vicente Pérez?
- Sí, mi nombre es Vicente y esta es mi casa
- Asique Laura tenía razón… Usted volvería…
- ¿Dónde está Laura anciana? ¿Dónde está mi esposa y mi hijo?
- Por favor señor… tranquilícese… Tiene que tranquilizarse…

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