martes, 10 de abril de 2012

El camino solitario; Capitulo XXV: El plan




En las próxima  5 semanas Rober se puso a ayudar a Migue con su entrenamiento. Intentaba enseñarle cómo actuar contra cualquier tipo de arma que podría haber en el reino. Tanto una simple espada, como con una lanza, cuchillos… Y aunque al principio Migue fuese demasiado débil como para poder esquivar unos simples ataques de Rober, con el tiempo incluso llegaba a ganar a Rober en los combates.

Estuvieron entrenando duramente durante esas 5 semanas, hasta que un día simplemente se quedaron a guardar fuerzas en la cueva.
-       
  -  Asique mañana es el día…- Murmuro Migue muy serio mientras sostenía la espada que le había dado Rober. En estas últimas semanas, había ganado mucho musculo gracias a su entrenamiento y su pelo era mucho más largo que antes.
-           Luna llena… El día en el que se casaran la princesa con el teniente si nosotros no lo podemos evitar
-          Pensé que iríamos a por Laura mucho antes que este día… ¿Por qué esperar tanto?
-          Los guardias y todos los soldados estarán en la misma sala en el momento de la boda… Si llegamos a encerrarles, todo será mucho más simple. Además, a la gente del pueblo no se les permite estar en la calle asique podremos entrar sin que nadie sospeche de nosotros…
-          Asique entrar en el pueblo es fácil, ¿pero que pasa del castillo?
-          Todas las puertas bloqueadas, con un par de guardias en cada una de ellas… es imposible entrar por allí
-          ¿Entonces?
-          Hay un plan… Escucha atentamente…


La noche siguiente, en el pueblo del reino norte…

Rober y Migue entraron en el pueblo sin ningún problema. La puerta de la muralla estaba abierta y ningún guardia miraba allí. En el pueblo solo se podía ver a gente en sus casas, pero como Rober dijo no había nadie en la calle por lo que resulto todo una tarea fácil. En cuanto llegaron se detuvieron en un cementerio junto al castillo. Migue dejo solo a Rober, que quería ir a ver una tumba.
-          
      Después de tanto tiempo… aquí estoy Amanda… La última vez que estuve aquí, deje todo mi honor en la espada que tú ocultas… Ahora vengo a recuperar esa espada, para poder salvar a tu hija… Espero que lo comprendas y que me perdones por esto…

Comenzó a escavar con sus propias manos hasta llegar a sacar la misma espada que él había ocultado allí muchos años atrás. Todo seguía igual, nadie la había tocado ni usado en todos esos años, y eso pareció alegrar a Rober.

-          Se nos acaba el tiempo Rober- Murmuro Migue mientras se acercaba a él
-          Lo se… Marchemos

Rober siguió andando entre las tumbas, hasta que miro una algunos segundos y la intento mover. Para la sorpresa de Migue, debajo de la tumba había unas escaleras que llegaban a algún tipo de pasadizo. Ambos chicos encendieron una antorcha y entraron corriendo en él.
-         
      Recuerda- Dijo Rober mientras corría lo más rápido posible-  Evita los conflictos pase lo que pase, hasta aquel momento. No sé cómo acabara la cosa, pero…
-          Tienes que sacar a Laura de aquí, tú no te preocupes de mí… Estaré en el lugar indicado en ese momento.
-          Eso espero… Porque ya ha llegado el momento de separarnos…- Dijo Rober en cuanto vio una puerta en un lado del pasadizo- ¿Tienes los planos?
-          En mano

Migue suspiro con bastante fuerza mientras intentaba tranquilizarse. Sabía lo que tenía que hacer en todo momento, y confía en sus fuerzas para salvar a Laura, pero si solo una cosa salía mal podría el ser el final para los tres. Todo tenía que ser perfecto, y eso era algo que Migue no podía quitarse de la cabeza…

El joven abrió la puerta después de unos segundos de espera y comenzó a subir las escaleras que estaban detrás de ella. Rober en cambio, siguió corriendo por el pasadizo… En cuanto el chico acabo de subir todas las escaleras, abrió una puerta y pudo ver que ya estaba dentro del castillo. No se paró mucho a mirar cómo era, y saco un plano que había dibujado Rober sobre este. Los planos eran bastante claros y ciertos, era como si en esos años nada hubiera cambiado en el castillo. Rober incluso había marcado donde podría haber algún guardia vigilando. Incluso eso estaba correcto en el plano. Después de muchos minutos corriendo por el castillo, el chico se detuvo ante una gran puerta más serio que nunca.
-         
      Ya estoy aquí Laura… Por favor, espérame- Dijo Migue mientras guardaba los planos y sacada la espada que tenia de los entrenamientos.

Se apoyó en la puerta, y pudo escuchar como detrás de ella había mucha gente hablando. Ese era el sitio donde Laura y el teniente se iban a casar, tal y como el antiguo teniente lo había dicho. Se quedó allí algunos minutos esperando, bastante tranquilo, mientras intentaba escuchar algunas de las cosas que decían detrás de la puerta. Hablaban todos a la vez, por lo que resultaba imposible distinguir algo, hasta que unas fuertes campadas comenzaron a sonar para indicar el comienzo de la boda. Migue siguió tranquilo delante de la puerta, y en silencio intentaba escuchar si alguien hablaba o no. No se movió, hasta que pudo oír la voz del cura. En cuanto la escucho, entro rápidamente por la puerta sin ningún tipo de problema.
-         
     ¡Lo siento mucho amigos, pero se olvidaron invitarme!- Grito el chico con una gran sonrisa.

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