lunes, 14 de marzo de 2011

Doble vida. Sonrisa perdida. Capitulo XXX: Libertad


El doctor comenzó a buscar algo entre un montón de papeles que tenía en su mesa. Cogió un papel, lo miro atentamente y se lo paso a Marcos con un bolígrafo.
- Firma abajo- Dijo el doctor mientras volvía a recoger los demás papeles
- ¿Esto qué es?
- Felicidades Marcos, en cuanto firmes ese papel podrás volver a casa.
- ¿Qué?- Dijo Marcos impresionado
- Lo que oyes. Markus ya no aparece, y tú estás consiguiendo dominar la parte de tu mente que controlaba Markus. Asique… Ya no hay motivo para que estés aquí, eres libre.
- Pero doctor… Podría volver
- Volverá si tú vuelves a actuar como antes, pero no dejaremos que eso ocurra. Al salir de aquí, deberías de apuntarte a algún tipo de actividad para poder usar tu ira y tú fuerza sin hacer daño a alguien inocente, como en algún tipo de club de lucha. Alex dijo que podrías ir a sus clases cuando quisieras.
- Asique… ¿Soy libre?
- Solo firma el papel y serás libre. No te tienes que preocupar por tus objetos personales, los están reuniendo ahora mismo y se los están llevando a la entrada, donde te espera tu madre.
Marcos sonrió levemente al escuchar eso y comenzó a firmar el papel.
- ¿Y qué es lo que piensas hacer ahora que eres libre?
- Pues… Supongo que volver a inscribirme para ir a clases y después de algún tiempo comenzar a hacer la carrera de cocina.
- ¿Cocina? Creo que Sandra me dijo que comenzaría esa misma carrera este mismo año
- Ya… Si no hubiese estado aquí, puede que estuviésemos juntos ahora… pero bueno.- Marcos se levanto de la silla y miro al doctor, quien le miraba bastante orgulloso- Muchas gracias doctor
- Gracias a ti muchacho, todo esto fue algo bastante especial para mí y me costara mucho olvidarlo. Nos veremos en un par de días- Dijo el doctor mientras le daba la mano a Marcos
- ¿Un par de días?- Pregunto Marcos sin entender lo que decía.
- Ya lo entenderás cuando llegue el momento.
Marcos devolvió el papel al doctor y salió de su despacho. Un hombre le esperaba en la puerta y le acompaño hacia la puerta del psiquiátrico, donde le esperaba su madre. Al verle, salió corriendo hacia su hijo y le abrazo con muchísima fuerza.
- Vamos hijo…- Dijo ella entre lagrimas- Volvamos a casa…
- Si… Madre…

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