
Pasaron algunas horas charlando, y los chicos se fueron a dar una vuelta. Había un parque en las afueras de Montilla que casi nadie solía visitar, y mucho menos en domingo por la noche. Asique decidieron ir allí para poder estar tranquilos. En cuanto llegaron, vieron que apenas había un par de familias jugando con los niños. Pero las familias estaban en una parte del parque, y los jóvenes siempre se dirigían hacia la otra parte, donde había un pequeño edificio en el que solían entrar para estar tranquilos. Entraron en el edificio, el cual estaba totalmente vacío. Había dos puertas, una por la que entraron los chicos y otra que estaba en la otra parte, por lo que cuando hacia algo de viento refrescaba todo el edificio.
Cada uno de los jóvenes se sentó en el suelo apoyando sus espaldas contra la pared y se quedaron muy tranquilos mientras disfrutaban de la brisa.
- Esto es vida…- Dijo Silvia, que era la primera vez que estaba allí
- Pues si… Esta tranquilidad y este frescor… es algo que no se encuentra en todos los lugares.- Le dijo Amada mientras la miraba
- Y menos en una ciudad como esta… Es muy difícil encontrar un parque que no escuches otra cosa que el ruido de los coches- Añadió Migue que estaba con los ojos cerrados
- Esta tranquilidad… El sonido de la brisa con los arboles…Nadie nos la quitara…- Dijo Sara mientras veía como todo el mundo cerraba los ojos y descansaban.
La brisa era muy suave y a todo el mundo le encantaba. Carlos conocía esta brisa mejor que ninguno de los chicos, porque fue él quien les enseño ese edificio al poco después de mudarse a Montilla. Este era el único lugar donde podía tranquilizarse y olvidar todo lo que le había pasado, y al él le encantaba la brisa en su cara. Pero de repente, la brisa se detuvo y Carlos inmediatamente abrió los ojos. Había un grupo en la entrada del edificio, por eso no entraba la brisa de aire. Carlos miro a los tipos y pudo reconocer a dos de las 3 personas que había allí. Eran los chicos de la noche anterior, pero en esta ocasión estaban acompañados de un tipo encapuchado.
- Chicos…- Dijo Carlos suavemente mientras se levantaba- Tenemos que irnos de aquí…
- ¿Por qué?- Pregunto Sara mientras abría los ojos y veía hacia la puerta.
En cuanto Migue abrió los ojos pego un rápido salto y se puso junto a Carlos.
- ¿Acaso son los de ayer?- Le murmuro mientras ayudaba a las otras chicas a levantarse.
- ¡Aquí esta jefe!- Grito el chico mientras ponía su mano sobre el hombro del encapuchado- ¡Nos ha costado mucho encontrarte maldito!
- Os lo contare luego… Tenemos que largarnos…- Dijo Carlos mientras se dirigía hacia la otra salida. Pero en cuanto se dio la vuelta vio que había un par de chicos encapuchados esperándoles allí.
- ¿Quién de ellos es?- Pregunto el hombre encapuchado que esperaba junto a los delincuentes
- Es el chico delgado, asique no hay problema.
- Vale… Ahora largaros de aquí.
- Pero jefe…- Dijo el chico bastante impresionado- Podemos ayudarte con esto
El hombre saco una bolsa y se la lanzo al chico con mucha fuerza.
- Si no os largáis ahora, no dejare que os quedéis con ese dinero…
Los jóvenes abrieron la bolsa, que estaba llena de billetes. Impresionados al verlo, salieron corriendo de allí y dejaron a los hombres encapuchados con los chicos.
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