miércoles, 1 de junio de 2011

El amuleto numero 7: Capitulo XXII: Cambio de lugar



Carlos estuvo durante algunos segundos mirando el amuleto mientras pensaba en que responderle.

- No.- Dijo el joven bastante serio ante la sorpresa del anciano- No pienso unirme a esta guerra sin sentido
- Entiendo… Es lo normal…- El anciano se dirigió hacia la puerta de la habitación y la abrió y continuo- En cuanto puedas levantarte, tendrás que abandonar esta habitación. Al no pertenecer al clan, no podrás estar en el edificio principal, pero en nuestro recinto también tenemos una pequeña casa en la que no están las normas de nuestro clan, asique podrás descansar allí hasta que te recuperes. Si quieres incluso, puedes quedarte más tiempo.

En cuanto el anciano se fue de la habitación Carlos seguía mirando el amuleto, pero se dio cuenta que había una chica esperando fuera de la habitación. Seguía siendo la chica que le estaba cuidando, Marta.

- ¿Qué haces allí fuera?- Pregunto Carlos mientras la miraba
- Mi deber es cuidarte… y después de conocer esto… Puede que necesitases ayuda…
- Gracias, pero no. Lo único que necesito, es estar solo.

Al escuchar eso, Marta cerró la puerta dejo al joven descansar.
Pasaron los días mientras Carlos aun no se podía levantar. Durante esos días, solo fue visitado por Marta. Ella le visitaba casi todas las horas para ver si estaba bien o no, y en muchas ocasiones le traía algo de comer. Cuando paso una semana, ya pudo levantarse y tuvo que irse de la habitación. En esa última semana no sabía cómo era el sitio donde estaba y mientras andaba por la casa observo que todas las habitaciones eran igual que la suya. Salieron de la casa y llegaron a un patio de arena. Allí había muchos hombres y mujeres entrenado en distintos lugares. Algunos corrían por la casa, otros entrenaban combate y otros descansaban a la sombra de un gran árbol.

- Allí es donde dormirás tu- Dijo Marta señalando a una pequeña cabaña que estaba muy cerca del patio.

El chico asintio con la cabeza y se fue allí junto a Marta. Mientras andaba por el patio, se dio cuenta que todos los tipos que estaban allí habían dejado de entrenar y le observaban. Y todo fue así, hasta que el joven entro en su nueva cabaña.
En ese lugar paso las siguientes semanas, aunque no estuvo todo el tiempo en la cama. Siempre que podía, se asomaba por la ventana para ver como entrenaban los demás hombres. También durante esos días fue visitado siempre por Marta, quien le seguía cuidando hasta que sus heridas se curaron. A los pocos días de que eso pasase, otro hombre entro en la cabaña de Carlos junto a Sandra.

- Mi nombre es Rafa y soy uno de los tenientes. Un placer conocerte
- Soy Carlos, pero supongo que ya sabes quién soy…- Dijo mientras le ofrecía la mano

Ambos se dieron la mano mientras se miraban seriamente.

- Te he estado observando desde el día que te conocí. En cuanto te vi junto a los del clan Blit, pensé que no sobrevivirias. Me sorprende que estés bien y sano.
- Asique tu también estuviste ese día allí…
- Si. Veras, he escuchado que no quisiste aceptar la petición de nuestro jefe para unirte al clan… Y quiero pedirte que te lo vuelvas a pensar.
- No pienso hacerlo, no hay nada que pensar. Esta guerra es algo absurda para mi, y no pienso formar parte de ella
- Pues entonces, en vez de irte de aquí sin más… Quédate con nosotros. Quédate junto a nosotros y entrena, por si algún día necesitas defenderte de los del clan Blit.
- ¿Me volverán a atacar?
- En cuanto sepan que estés vivo, irán a por ti. Porque sabrán que tienes el amuleto, o que sabes donde está. Asique por eso te lo digo, si no te quieres quedar aquí como un guerrero mas del clan Sua, quédate aquí como alguien que quiere entrenar para ser más fuerte.

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