
Carlos tiro la caja al suelo y se guardo el amuleto en uno de sus bolsillos. El tener el amuleto era algo muy importante para él. Eso significaba que podía negociar con el clan Blit para que dejasen a los chicos en paz de una vez. Y aunque eso significase que llegasen obtener el arma definitiva. Eso no importaba al joven, que lo único que buscaba era la paz para él y su amiga.
En cuanto llego de nuevo a la villa ya había comenzado a oscurecer porque el joven no se dio muchas prisas para regresar. Llevaba dos días sin dormir y toda esta tarde estuvo trabajando para poder hacer las tumbas, por lo que ya casi ni podía mover su cuerpo. Aun así, en cuanto entro en la villa se dirigió corriendo hacia la casa mientras sacaba su espada. Algo iba mal, porque el joven dejo la luz de la casa encendida pero esta ya estaba apagada. Entro corriendo en la casa con su espada en la mano, pero allí no había nadie.
- ¡Sara!- Comenzó a gritar Carlos mientras se dirigía hacia la casa principal para buscar a su amiga.
Comenzó a entrar en cada una de las habitaciones mientras gritaba su nombre, pero en ninguna de las salas había más que manchas de sangre. Al final, entro en la habitación del maestro y se detuvo al instante. En la pared del fondo, había un gran símbolo pintado con sangre, seguramente con sangre de gente del clan Sua. Carlos no reconocía ese símbolo, pero se parecía bastante al del clan Sua.
- Estos bastardos… Han pintado su emblema con sangre en la sala del maestro…- Murmuro el joven mientras se acercaba a este- Un momento… ¿Qué es eso?
Había algo clavado con un puñal en el centro del símbolo y el chico lo cogió. Era un papel, en el que había algo escrito.
“Si buscas a la chica deberías de desistir… Sabemos que tienes el amuleto oculto en algún lugar, asique si la quieres volver a ver con vida tráenos el amuleto. Date prisa, o puede que perdamos la paciencia”
- No puede ser… Tienen a Sara…- Dijo el chico mientras estrujaba el papel y lo guardaba lleno de ira.
Salió corriendo de la habitación del maestro y se dirigió hacia su caseta. Allí cogió su chaqueta y se dirigió lo más rápido que pudo con una motocicleta que había en la villa hacia la cuidad de Mula, el lugar donde le esperaba Rafa y Anton…
La ciudad no estaba cerca de la villa, asique el joven decidió dormir en un hotel que encontró por el camino. Por la mañana siguiente, salió temprano y después de muchas horas de viaje llego a Mula cuando ya había oscurecido. Esta noche en cambio, decidió descansar a las afueras de la ciudad, donde nadie le podía encontrar.
A la mañana siguiente, se dirigió hacia el bar de donde tenía la tarjeta de Anton. En cuanto entro vio a sus compañeros en una mesa sentados. Carlos se impresiono, porque era la primera vez que les veía con ropa normal y corriente y no con el uniforme del clan.
- Carlos, estas aquí- Dijo Marta impresionada al verle- Pensábamos que no venias
- Eso no importa hermana- Dijo Rafa con una gran sonrisa- Me alegra verte aquí compañero.
- Que este aquí… No es elección mía…- Dijo este bastante serio mientras se sentaba con sus compañeros- Voy a escucharos, pero solo me uniré a vosotros si os adaptáis a mis reglas.
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