
Comenzaron a beber y hablar durante algunas horas. Todo parecía ir bien, y ambos no paraban de reír. Cuando ya se cansaron del bar, decidieron quedar otro día para repetirlo. Marta se despidió de Migue dentro del bar y ella se fue antes. Pero en cuanto salió del bar, Migue le detuvo.
- Te acompañare hasta tu casa, si no te importa claro está.
Marta no tuvo inconveniente alguno y se fueron a su casa juntos. Ya era bastante tarde, y no había nadie en la calle aparte de ellos dos.
- Hace tiempo que no hago esto…- Dijo Marta bastante avergonzada
- ¿A qué te refieres?
- De que alguien que apenas conozco me acompañe a mi casa… No se… En muchas ocasiones quieren acompañarme, pero yo digo que no.
- Me alegra saberlo- Dijo Migue con una sonrisa
- ¿Por qué?
- Eso indica que no soy como los demás para ti
Marta se sonrojo aun más de lo que antes estaba. Migue tenía razón, y ella lo sabía. De algún modo, le había pillado confianza muy rápidamente.
Cuando apenas estaban a un par de calles de la casa de Marta, vieron a otro hombre en la calle. El hombre andaba en la misma acera que ellos, pero en la otra dirección.
- Mira, no estamos solos- Dijo Migue y ambos comenzaron a reír
Cuando el hombre estaba a escasos metros de ellos se detuvo y comenzó a buscar algo en sus bolsillos. Saco una navaja y la levanto hacia los chicos. Marta se asusto y la Migue empujo levemente hacia detrás y dijo muy silenciosamente:
- Tranquilízate
- ¡Dadme vuestro dinero! ¡Rápido!- Grito el extraño
Migue movió su mano derecha levemente para coger su monedero y lo saco. Se lo enseño al hombre y ando hacia él para entregárselo. El hombre lo cogió con su mano libre y cuando lo hizo, Migue agarro su otra mano
- ¡Corre!- Grito él mientras forcejeaba con el hombre.
Marta no se lo pensó dos veces y comenzó a correr. Mientras lo hacía, buscaba su móvil entre todas las cosas que tenía en el bolso. Cuando llego a otra calle, se escondió y llamo lo más rápido que pudo a la policía. La policía tardo algunos segundo en coger el teléfono, pero cuando lo hizo Marta intento hablar lo mejor posible. Estaba demasiado nerviosa por lo que acababa de ocurrir y no podía hablar con facilidad. Cuando le conto lo ocurrido a la policía, colgó el teléfono y se sentó.
- ¿Ahora qué…? ¿Qué hago…?
Entonces recordó a Migue. Él no estaba junto a ella, se había quedado con el atracador y aun no había vuelto. Pero ella no podía moverse. Sus piernas no se movían aunque ella quisiese. Algunos instantes después, pudo levantarse y corrió hacia donde se habían encontrado con aquel hombre.
Pero allí ya no había nadie luchando ni nada por el estilo, solo había alguien tirado en el suelo. Marta corrió hacia él al ver su ropa. Era alguien con un traje oscuro, y aquel tipo no llevaba ningún traje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario