
El teniente Rober se quedo un par de semanas en el castillo bastante tranquilo. No tenía ninguna misión en esos días, y al parecer el rey no tenía ninguna misión importante que darle al teniente. Aun así, en ese tiempo Estefan parecía bastante nervioso por un tema que muy poca gente conocía en el reino. Él sabía, que otro de los reinos ocultos tenía planes de atacar a su reino, asique estaba planeando un ataque sorpresa al reino que se ocultaba al sur. Aun así, nunca había hablado directamente con Rober sobre ese tema.
Un día, mientras paseaba por el castillo se encontró con la princesa Amanda, a quien ya se le notaba el embarazo. No era para menos, porque ya llevaba 9 meses gestando. Rober dio un saludo y la princesa dio una señal a sus guardias para que se marchasen
- Ha pasado mucho tiempo…- Dijo él con una leve sonrisa
- Si… Parece que te has transformado en una leyenda para el reino… Mucha gente desearía estar en el mismo puesto que tú ahora mismo…
- Y yo sigo deseando más… Ojala hubiera llegado a este puesto antes…- El chico se acercó a la reina pero justo en esos momentos ella se puso la mano en el estomago y comenzó a gritar de dolor- ¡Oye! ¿Estas bien?
- Ya viene… El niño…
- Está bien Amanda, tranquilízate…- Dijo el teniente mientras la agarraba de la mano- Después miro había los hombres que la habían estado acompañando y les grito muy serio- ¿A que estáis esperando? ¡Id a buscar ayuda!
En apenas unos minutos, ya estaba un grupo de médicos junto a ella. Los médicos aconsejaron que se la llevaran a la habitación, y que fuese allí donde diera luz. Para eso tenía una gran camilla en la que la reina se tumbo y Rober junto a otro médico cargaron. En cuanto llegaron a la habitación, solos los médicos entraron y todos los guardias junto a Rober se quedaron a las puertas mientras ocurría todo, aunque a los pocos minutos uno de los médicos envió a un guardaespaldas a ir al rey, quien no se encontraba en aquel lugar.
Pasaron las horas, y Rober no escuchaba ninguna notica de lo que ocurría en la habitación de la princesa. Lo único que oía, era unos fuertes gritos de ella. De repente, un medico abrió la puerta bastante nervioso.
- ¿Dónde está el rey?- Pregunto este mientras se secaba el sudor de la frente
- El rey está en su oficina… aun no ha podido venir…- Respondió el guardaespaldas que fue a buscarle
- Me da igual donde este, pero ahora mismo su esposa necesita estar con alguien. Tú- Dijo el médico mientras señalaba al teniente- Entras conmigo
- Pero… que puedo hacer yo…
- La princesa necesita estar con alguien, y te encontraron hablando con ella mientras ocurrió con esto. Si tienes alguna relación con ella, eres la mejor persona para tranquilizarla.
- Pero…
- No hay peros que valga teniente… La vida del bebe y de la princesa corren peligro
Al escuchar eso, Rober se levanto y entro en la habitación junto al médico. Dentro había un medico mas junto a dos enfermeras intentando ayudar a la reina, por lo que Rober se puso al lado de Amanda y la cogió de la mano.
- Eres tu…- Dijo la reina muy cansada- Estefan…
- El rey no ha podido venir, pero no te preocupes… No te pienso abandonar
- Bien mi reina… Ahora está comenzando a salir… Usted empuje con todas sus fuerzas- Dijo el médico que estaba en la habitación desde el principio
- No sé si podre…- Le respondió Amanda casi sin fuerzas
- Si que podrás Amanda. Mírame, mírame y empuja- Le dijo Rober mientras cogía su mano con todas sus fuerzas
La reina sonrió levemente y comenzó a empujar con todas sus fuerzas, pero sin apartar durante ningún instante la mirada hacia Rober. Y así, ocurrió el milagro. Comenzó a sonar un leve llanto, que hizo sonreír a todas las personas que estaban allí.
- Es una niña… - Dijo el médico mientras la cogía en sus manos- Es una preciosa niña…
El médico dejo al bebe en las manos de la reina quien no podía parar de llorar y dijo muy suavemente, tan suavemente que solo Rober pudo escucharla:
- Eres preciosa… Ojala llegaras a ser libre algún día… Princesa Laura… Y ojala tuvieras a un padre como Rober…
Al decir eso, el teniente la miro algo extrañada. El bebe seguía llorando, pero Amanda ya había dejado de hablar e incluso de hablar.
- Oye… Reina… Amanda, ¡Amanda responde!
Los médicos sacaron a Rober de la habitación lo más rápido que pudieron y se encargaron de tratar a la reina que ya no decía nada. En cuanto salió, pudo ver al rey junto a Alex, que llegaban a la habitación con bastante tranquilidad.
- Mi rey…
- ¿Ya ha nacido?- pregunto Estefan muy serio
- Si, es una niña, pero a Amanda…
- Voy a entrar para hablar con los médicos, tu Alex… Deberías de contárselo…
- ¿Contarme qué?
El rey dio una señal a los guardaespaldas que aun seguían en la puerta y se marcharon de allí mientras el rey entraba en la habitación. Ahora solo estaban Rober y el ex-teniente Alex en la puerta de la habitación, y como era de extrañar Alex seguía estando muy serio.
- Pareces hecho polvo- dijo el hombre mientras le daba la mano a su compañero
- Es la primera vez que he estado en algo así… Y ahora la reina…
- No te preocupes por ella, los médicos son los mejores del reino.
- ¿Y a ti que te pasa?
- El rey me ha enviado a una misión… Y la verdad es que no es una misión fácil… Me vendría bien tu ayuda
- Hay cientos de soldados en este reino, ¿Por qué yo?
- Porque eres el más poderoso de ellos
Rober guardo unos segundos de silencio y volvió a mirar a Alex
- ¿Y de que se trata?
- Es una misión para matar al rey del reino del sur… Podría ser una misión de un mes, o tal vez dos… No sabría decirte…
- No sabría que decirte…
- Saldremos la semana que viene, tú decides si vienes o no… Tan solo búscame, y te preparare las cosas.
En cuanto acabaron de hablar, la puerta de la habitación se abrió y solo salió un hombre antes de que se volviese a cerrar la puerta. Era el rey, quien tenía al bebe en sus manos.
- Teniente dígame, ¿la reina le dijo algo sobre el bebe?
- Me dijo… que se llamaría Laura… ¿Por qué?
- Entiendo… Asique su nombre será Laura…
- Mi señor, ¿qué le ocurrió a la reina?
- Ella no lo consiguió… Los médicos dicen que no tenía las fuerzas suficientes… pero que logro dar a luz… Creen que el ser tan joven tiene algo que ver…
Pasaron un par de días en el reino, y se celebro el entierro oficial de la reina Amanda. Todos los soldados del reino estuvieron allí, y aunque el pueblo no podía acceder al entierro se dedicaron a dejar cientos de ramos de flores a las puertas del castillo para el pésame. En el entierro, no había nadie que no estuviera triste por la muerte de la reina, pero eran muy pocos los que lloraban su muerte. Ni siquiera el rey Estefan lloraban, ni aquellos guardias que más tiempo estuvieron a su lado… Solo algunos de sus guardaespaldas, y el teniente Rober… Quien se quedo el ultimo en el cementerio mirando la tumba de su amada. Cuando ya oscureció, alguien se acerco hacia él y le puso la mano en el hombro.
- Deberías de olvidar esto… Sé que es duro pero… tienes que hacerlo…
- Alex… Ha muerto porque era demasiado joven… Por ser madre demasiado joven… Ha sido su hija Laura quien la ha matado…
- No puedes echar las culpas a un bebe recién nacido… Eso no es algo honorable… Ella tenía que tener un hijo lo más rápido posible, para que se convirtiese en un rey de sangre pura… Aunque el destino ha querido que naciera una princesa, y no el futuro rey…
- Dime Alex… ¿Por qué sigues luchando? Tú ya no puedes seguir siendo teniente… El reino ya no te puede dar nada mas… ¿Entonces porque luchas?
- Porque el renio es lo único que me queda amigo mío… Si no luchara por él, no tendría nada más en la vida…
- Por favor… Déjame ir contigo…
- ¿Qué?- Pregunto Alex algo extrañado
- Tu misión… Te acompañare…
- Pero Rober, no sé si es buena idea… Acabas de perder a…
- ¡Necesito olvidar esto! ¡Cada vez que veo su habitación, me acuerdo de ella! ¡Cada vez que entro en el salón, me acuerdo de ella! ¡Cada vez que veo a sus guardaespaldas, me acuerdo de ella!- Grito el chico mientras aun seguía llorando
- Está bien… Está bien… Hablare con el rey para que partamos lo antes posible
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